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La España que se comía

Pelayinos: el dulce asturiano de Gijón que desapareció

Por Dani Collada 26 de agosto de 2026 Vídeo de 7:23

Los pelayinos fueron el dulce asturiano de Gijón durante décadas y hoy no puedes comprarlos en ninguna parte. No desaparecieron porque dejaran de gustar. Ese día no existió.

Desaparecieron porque el único ingrediente que llevaban dentro y no se puede congelar —las horas— dejó de poder pagar un alquiler en el centro. Esto no es nostalgia: es una cuenta.

7:23 · El Cuchinero Verlo en YouTube ↗

¿Qué es un pelayín?

Un pelayín es un dulce de mazapán relleno de crema de manzana asturiana. Por fuera, mazapán del de verdad: almendra molida y azúcar, nada más. Por dentro, manzana asada despacio, horas de horno, hasta que se funde en una crema densa de ámbar profundo.

Y hay un detalle que te pido que guardes para el final: cuando partes un mazapán de verdad, no se rompe. Cede. Acuérdate.

Esa crema tampoco sale igual en dos tandas. Un relleno industrial es un gel uniforme, opaco, idéntico en cada pieza. Una crema asada tiene cuerpo y tiene sombra. Eso son las horas. Primera señal.

Una confitería de 1929, justo detrás de Don Pelayo

El pelayín nació en Gijón, en la Plaza del Marqués, junto al Puerto Viejo. Una confitería con obrador propio, fundada en 1929. Décadas después, detrás de ese mostrador, un matrimonio de maestros reposteros: Carlos Collada y María Sierra. Suya es la receta y suyo el nombre.

Porque hay un detalle que parece decorado y no lo es: la tienda estaba justo detrás de la estatua de Don Pelayo. El postre se bautizó en su honor y se hacía cada mañana a la espalda del símbolo de la resistencia asturiana.

Quédate con esa palabra. Resistencia. Esta historia va exactamente de eso.

La cuenta que hace un obrador: almendra, horno y horas

Ahora haz una cuenta conmigo, sin nostalgia. Para hacer mazapán de verdad hace falta almendra, y la almendra es de lo más caro que entra en una pastelería. La versión industrial lo resuelve rápido: menos almendra, más azúcar. La etiqueta sigue diciendo mazapán. El precio baja. El sabor también.

Con la crema pasa lo mismo. Asar manzana despacio son horas de horno encendido y horas de alguien pendiente. La alternativa de fábrica tarda minutos: pulpa, azúcar, espesante y ese gel clónico que ya sabes reconocer.

Es decir: cada pelayín llevaba tiempo dentro. Y el tiempo, en un obrador, no es una metáfora.

El tiempo, en un obrador, es luz, horno, sueldo y alquiler.

Contra quién competía de verdad mi padre

Aquí es donde casi todo el mundo se equivoca al contar por qué cierran estos sitios. No llegó nadie haciendo pelayinos mejores. Llegó otra cosa.

Llegaron locales con el cartel de recién hecho y el congelador lleno de masa que se hornea en minutos. El olor a horno, sin obrador. La palabra artesano, sin artesano.

No competía contra otro pastelero. Nunca fue eso. Competía contra un modelo de negocio que no necesita saber hacer pasteles.

Dos relojes en la misma acera. Uno mide horas, el otro minutos. Y los dos pagan el mismo alquiler.

Por qué conozco esta historia tan de cerca

Carlos Collada era mi padre. María Sierra es mi madre. Yo crecí en esa confitería detrás de Pelayo, así que lo que viene ahora no me lo ha contado nadie: lo vi.

Vi el obrador encendido antes de amanecer. Vi las bandejas de mazapán enfriándose junto a la ventana. Vi la manzana asándose tan despacio que el olor cruzaba la plaza antes de abrir la tienda.

Y vi lo otro. Vi escaparates de enfrente cambiar de logo cada pocos años. Vi la palabra artesano vaciarse de significado, un cartel cada vez. Vi a mis padres echar cuentas en la mesa de casa, cada vez más tarde y cada vez más serios.

La persiana no bajó el día que crees

No hubo un día en que Gijón dejara de querer pelayinos. Hubo años de asedio silencioso: márgenes más cortos, alquileres más largos, un oficio al que ya nadie pagaba las horas. Y en medio de todo eso, mi padre murió.

La confitería intentó resistir como resistía él: trabajando. Pero un obrador artesano, sin su maestro, en una calle que ya no paga el tiempo, tiene los días contados. Un día la persiana bajó y no volvió a subir.

La gente cree que la historia terminó ahí. No terminó ahí. Cerró antes: el día en que hacer las cosas despacio dejó de poder pagar un alquiler en el centro de Gijón.

Y esto no va solo de Gijón. Cambia el nombre del postre y cambia el de la plaza. Aquella pastelería de tu barrio no cerró porque lo suyo dejara de estar bueno.

Cerró cuando el modelo de la calle dejó de pagar el único ingrediente que no se puede congelar.

Cómo reconocer un dulce artesano delante del escaparate

Así que la próxima vez que estés delante de un escaparate, ya sabes qué mirar. Son dos señales y las dos se ven sin preguntar nada al dependiente.

  • El relleno. Si es un gel uniforme, opaco e idéntico en cada pieza, eso salió de un bidón. Si es denso, mate, con un ámbar que cambia dentro de la misma pieza, ahí dentro hay horas de horno.
  • El mazapán. ¿Te acuerdas del detalle del principio? El de verdad no se rompe: cede, porque la grasa natural de la almendra lo mantiene vivo. El sucedáneo, con menos almendra y más azúcar, se quiebra seco.

El mazapán de verdad cede. El sucedáneo se quiebra. Eso no lo vende ninguna cadena.

Lo que las franquicias no ganaron

Las franquicias ganaron la calle. Es verdad y no voy a endulzarlo. Pero hay algo que no ganaron.

La receta de mi padre no está en el archivo de ninguna empresa. Está donde estuvo siempre: en unas manos. Las de mi madre. Las nuestras. Nos quitaron el local y nos quitaron el tiempo para hacerla. La receta, no.

Y mientras haya manos que la recuerden, el pelayín no está muerto. Está esperando.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un pelayín?

Un dulce de mazapán de almendra relleno de crema de manzana asturiana asada despacio. Nació en Gijón, en la Plaza del Marqués, y se llama así por la estatua de Don Pelayo, que estaba justo delante de la confitería donde se hacía.

¿Dónde comprar pelayinos en Gijón?

Hoy no se venden en ninguna parte. La confitería con obrador propio donde se hacían cerró, y el pelayín no lo fabrica ninguna cadena. La receta sigue existiendo, pero no hay mostrador donde pedirlos.

¿Por qué cerró la confitería Collada de Gijón?

No cerró porque el dulce dejara de gustar. Cerró porque hacer mazapán con almendra de verdad y asar manzana durante horas cuesta tiempo, y el tiempo en un obrador es luz, horno, sueldo y alquiler. Cuando el alquiler del centro dejó de poder pagarse con horas, la persiana bajó.

¿Cómo saber si un mazapán es artesano?

Pártelo. El mazapán hecho con almendra molida y azúcar cede al partirlo, porque la grasa natural de la almendra lo mantiene flexible. El que lleva menos almendra y más azúcar se quiebra seco.

¿Cómo distinguir un relleno artesano de uno industrial?

Por el aspecto. Un relleno industrial es un gel uniforme, opaco e idéntico en todas las piezas. Una crema de fruta asada es densa y mate, con un ámbar que cambia dentro de la misma pieza y que no sale igual en dos tandas.

¿Cuándo se fundó la confitería donde nacieron los pelayinos?

En 1929, en la Plaza del Marqués de Gijón, junto al Puerto Viejo. Décadas después estaban detrás del mostrador Carlos Collada y María Sierra, autores de la receta y del nombre del pelayín.

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