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El Cuchinero

Cocina asturiana y cuchara

Pelayinos: el dulce asturiano de Gijón que desapareció (y cómo se hacen en casa)

Por Dani Collada 26 de agosto de 2026 Vídeo de 7:23

El dulce asturiano de Gijón por excelencia era el pelayín: mazapán de almendra por fuera, manzana asturiana asada despacio por dentro. Hoy no lo puedes comprar en ninguna parte.

Y no desapareció porque dejara de gustar. Desapareció por lo que casi nadie mira cuando cierra un obrador de barrio: el tiempo, que en una pastelería es luz, horno, sueldo y alquiler.

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¿Qué es un pelayín?

¿Qué es un pelayín?: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 0:55.

Un pelayín es un dulce de Gijón hecho con dos cosas: mazapán por fuera y crema de manzana asturiana por dentro. El mazapán, del de verdad: almendra molida y azúcar, nada más. El relleno, manzana asada horas de horno hasta que se funde en una crema densa, de ámbar profundo.

Y un detalle que te pido que guardes hasta el final: cuando partes un pelayín, el mazapán no se rompe. Cede.

Esa crema es la otra mitad de la historia. Nunca sale igual en dos tandas. Tiene cuerpo y tiene sombra, un ámbar que cambia dentro de la misma pieza. Un relleno industrial es un gel uniforme, opaco, idéntico en cada unidad. Esa diferencia no es de receta. Es de horas.

El mazapán de verdad no se rompe: cede.

Una confitería de 1929 a la espalda de Don Pelayo

Una confitería de 1929 a la espalda de Don Pelayo: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 1:29.

El pelayín nació en la Plaza del Marqués, junto al Puerto Viejo, en una confitería con obrador propio fundada en 1929. Décadas después, detrás de aquel mostrador había un matrimonio de maestros reposteros: Carlos Collada y María Sierra. Suya es la receta y suyo el nombre.

Porque hay un detalle que parece decorado y no lo es: la tienda estaba justo detrás de la estatua de Don Pelayo. El postre se bautizó en su honor y se hacía cada mañana a la espalda del símbolo de la resistencia asturiana. Quédate con la palabra. Resistencia. De eso va esto.

Dos relojes en la misma acera

Dos relojes en la misma acera: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 2:20.

Haz la cuenta conmigo, sin nostalgia. Para hacer mazapán hace falta almendra, y la almendra es de lo más caro que entra en una pastelería. La versión industrial lo resuelve rápido: menos almendra, más azúcar. La etiqueta sigue diciendo mazapán, el precio baja y el sabor también.

Con la crema pasa lo mismo. Asar manzana despacio son horas de horno encendido y horas de alguien pendiente. La alternativa de fábrica tarda minutos: pulpa, azúcar, espesante y ese gel clónico que ya sabes reconocer.

Mientras tanto, la calle cambió. Y aquí es donde casi todo el mundo se equivoca al contar por qué cierran estos sitios: no llegó nadie haciendo pelayinos mejores. Llegaron locales con el cartel de recién hecho y el congelador lleno de masa que se hornea en minutos. El olor a horno sin obrador. La palabra artesano sin artesano. Es el mismo movimiento que se llevó por delante lo que un bar entendía por tapa.

Mi padre nunca compitió contra otro pastelero. Competía contra un modelo de negocio que no necesita saber hacer pasteles.

Dos relojes en la misma acera. Uno mide horas, el otro minutos. Y los dos pagan el mismo alquiler.

Por qué conozco esta historia tan de cerca

Por qué conozco esta historia tan de cerca: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 3:48.

Carlos Collada era mi padre. María es mi madre. Yo crecí en esa confitería detrás de Pelayo, así que lo que viene ahora no me lo ha contado nadie: lo vi.

Vi el obrador encendido antes de amanecer. Vi las bandejas de mazapán enfriándose junto a la ventana. Vi la manzana asándose tan despacio que el olor cruzaba la plaza antes de abrir la tienda.

Y vi lo otro. Vi los escaparates de enfrente cambiar de logo cada pocos años. Vi la palabra artesano vaciarse de significado, un cartel cada vez. Vi a mis padres echar cuentas en la mesa de casa, cada vez más tarde y cada vez más serios.

No cerró el día que bajó la persiana

No cerró el día que bajó la persiana: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 4:38.

No hubo un día en que Gijón dejara de querer pelayinos. Ese día no existió. Hubo años de asedio silencioso: márgenes más cortos, alquileres más largos, un oficio al que ya nadie pagaba las horas. Y en medio de todo eso, mi padre murió.

La confitería intentó resistir como resistía él: trabajando. Pero un obrador artesano, sin su maestro, en una calle que ya no paga el tiempo, tiene los días contados. Un día la persiana bajó y no volvió a subir.

La gente cree que la historia terminó ahí. No terminó ahí. Cerró el día en que hacer las cosas despacio dejó de poder pagar un alquiler en el centro de Gijón.

Y esto no va solo de Gijón. Cambia el nombre del postre y el de la plaza: esta historia ha pasado en tu ciudad. Aquella pastelería de tu barrio no cerró porque lo suyo dejara de estar bueno. Cerró porque la calle dejó de pagar el único ingrediente que no se puede congelar.

Cómo reconocer en un escaparate lo que lleva horas

Cómo reconocer en un escaparate lo que lleva horas: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 5:30.

Así que la próxima vez que estés delante de un mostrador, ya sabes qué mirar. Son dos señales, y las dos se ven sin preguntar nada.

  • El relleno. Si es un gel uniforme, opaco, idéntico en cada pieza, eso salió de un bidón. Si es denso, mate, con un ámbar que cambia dentro de la misma pieza, ahí dentro hay horas de horno.
  • El mazapán. ¿Te acuerdas del detalle del principio? El de verdad no se rompe: cede. La grasa natural de la almendra lo mantiene vivo. El sucedáneo, con menos almendra y más azúcar, se quiebra seco.

Eso no te lo puede vender ninguna cadena. Eso solo se aprende mirando.

La receta no está en el archivo de ninguna empresa

La receta no está en el archivo de ninguna empresa: fotograma del vídeo de El Cuchinero
Fotograma del vídeo, minuto 6:16.

Las franquicias ganaron la calle. Es verdad y no lo voy a endulzar. Pero hay algo que no ganaron: la receta de mi padre no está en el archivo de ninguna empresa. Está donde estuvo siempre, en unas manos. Las de mi madre. Las nuestras.

Por eso lo que va aquí abajo no es la receta del obrador. Es cómo se hacen en casa, con lo que sí es público: mazapán fuera, manzana asada dentro, y ni una cosa más.

La del obrador sigue donde estuvo siempre, en unas manos. Y mientras tanto, aquí queda una forma de hacer pelayinos en tu cocina.

Receta de pelayinos

Raciones10
Preparación40 min
Cocción150 min

Ingredientes

  • 250 g de almendra molida
  • 200 g de azúcar
  • 50 ml de agua
  • 4 manzanas reinetas (unos 800 g)

Elaboración

  1. Asa las manzanas enterasEnteras y sin pelar, al horno a 150 grados, entre dos horas y dos horas y media, hasta que la piel se arrugue y la carne ceda sola. A esa temperatura no se cuecen: se concentran. Ahí sale el ámbar.
  2. Saca la pulpa y enfríalaTritúrala y déjala enfriar del todo. Tiene que quedar densa, con cuerpo. Si suelta agua, devuélvela al horno en una bandeja hasta que reduzca: una crema floja empapa el mazapán por dentro. No lleva azúcar añadido, y es una decisión: asar despacio ya concentra el azúcar de la propia manzana.
  3. Haz el almíbarEl azúcar con el agua a fuego medio hasta que rompa a hervir y el azúcar se disuelva del todo.
  4. Echa la almendra de golpeFuera del fuego, añade la almendra molida de una vez y remueve hasta que no quede harina suelta. Vuélcalo y déjalo templar.
  5. Amasa hasta que quede flexibleEste es el punto que decide el dulce: el mazapán de verdad no se rompe, cede. Si se quiebra seco, le falta amasado o le sobra azúcar.
  6. Forma los pelayinosPorciones de unos 50 g, aplanadas con la mano, una cucharada de crema dentro y cierra en óvalo sellando bien el borde.
  7. Dora solo la superficieHorno fuerte unos minutos o soplete. Es color, no cocción: por dentro no tienen que calentarse.

Rellena solo con la crema completamente fría. Si la metes templada, humedece el mazapán desde dentro y el óvalo se abre por el sellado.

Preguntas frecuentes

¿Qué es un pelayín?

Un dulce de Gijón hecho de mazapán de almendra por fuera y crema de manzana asturiana asada por dentro. Nació en una confitería con obrador propio de la Plaza del Marqués, junto al Puerto Viejo, y se llama así porque la tienda estaba detrás de la estatua de Don Pelayo.

¿Dónde se compran pelayinos en Gijón?

Hoy no se compran. La confitería que los hacía cerró y el pelayín no se vende en ninguna parte. Si quieres comerlos, tienes que hacerlos en casa: mazapán de almendra molida y azúcar, y relleno de manzana asada despacio.

¿Por qué se me quiebra el mazapán en vez de quedar flexible?

Porque le falta amasado o le sobra azúcar en proporción a la almendra. La grasa natural de la almendra es la que mantiene el mazapán flexible: cuando hay poca almendra y mucho azúcar, la masa se rompe seca. El mazapán bien hecho no se rompe, cede.

¿El relleno de manzana lleva azúcar?

En esta versión, no. Asar la manzana entera y despacio, a horno suave durante más de dos horas, concentra su propio azúcar y da una crema densa de ámbar profundo. Añadir azúcar y espesante es justo lo que hace la versión industrial, con ese gel uniforme e idéntico en cada pieza.

¿Qué manzana se usa para la crema del pelayín?

Manzana asturiana, y en casa funciona bien la reineta: asada entera y sin pelar, se deshace en una pulpa con cuerpo que no suelta agua. Si la crema queda floja, vuelve al horno en una bandeja hasta que reduzca, porque una crema aguada empapa el mazapán por dentro.

¿Cómo saber si un dulce de escaparate es artesano de verdad?

Mira el relleno y la masa. Un relleno denso, mate, con un ámbar que cambia dentro de la misma pieza, lleva horas de horno; un gel uniforme y clónico salió de un bidón. Y un mazapán que cede al partirlo tiene almendra de verdad; el que se quiebra seco, no.

¿Te ha salido?

Marca del uno al cinco. Me sirve para saber qué recetas explican de verdad dónde falla el plato y cuáles hay que rehacer.

5,0 · 1 valoración

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